Hay una paradoja que pocos se atreven a mirar de frente:
vivimos gracias a la muerte.
Sí.
La muerte nos concede este breve intervalo llamado vida.
Como si nos prestara un aliento, un cuerpo, un tiempo… y nos dijera:
“Haz con esto algo que valga la pena.”
Pero en medio del ruido, de la rutina, de las cuentas por pagar y los pendientes por resolver…
se nos olvida.
Olvidamos que esto se acaba.
Que no somos eternos.
Que algún día seremos solo el recuerdo de alguien más.
Y aun así, vivimos como si tuviéramos garantizado el próximo amanecer.
Cuando vivir se convierte en una tarea más
Hay personas que mueren estando vivas. Y otras que viven estando muertas.
Yo prefiero ser de los primeros.
Porque morir en vida es rendirse antes de tiempo.
Y vivir, aunque cueste, aunque duela, aunque a veces no sepas cómo…
es el acto más valiente que puedes elegir cada día.
Pero muchos de nosotros, atrapados entre expectativas y exigencias, vamos por la vida con el alma en pausa.
Vivimos ocupados. Saturados. Apurados.
Con el calendario lleno, pero el corazón ausente.
Y así, sin darnos cuenta, vamos muriendo en vida.
Yo también pasé por eso.
Durante una crisis financiera, llegué a pensar que si al menos tuviera un buen seguro de vida, podría dejarle dinero a mis hijos.
Como si ellos necesitaran más una herencia que mi presencia.
Como si el dinero pudiera abrazar, reír, aconsejar o simplemente estar.
Ese pensamiento fue una alerta.
Una campanada silenciosa.
Y me hizo ver algo que no había querido mirar:
Estaba vivo… pero no estaba viviendo.
La muerte no es enemiga: es la brújula
¿Y si dejáramos de temerle?
¿Y si la viéramos como lo que realmente es: el recordatorio más honesto de que cada día cuenta?
Porque la muerte no viene a quitarnos la vida…
viene a darnos el sentido de tenerla.
Es la frontera que le da forma a todo lo demás.
Es la maestra que nos muestra lo urgente:
reír más, amar sin condiciones, abrazar sin miedo, soltar lo que duele, y vivir como si hoy fuera el día más importante.
Tal vez no necesitamos más tiempo.
Tal vez necesitamos más conciencia.
Reflexiones que duelen… pero sanan
- ¿Qué parte de ti está viva, pero tú no estás alimentando?
- ¿Qué tanto de tu tiempo se va en sobrevivir, en vez de vivir?
- ¿Qué pasaría si aceptaras que no eres eterno y actuaras en consecuencia?
- ¿Estás aquí para cumplir expectativas o para sentirte pleno?
- ¿Qué harías diferente si supieras que hoy es uno de los últimos días?
- ¿Qué estás postergando que el alma te suplica vivir ya?
El milagro que aún respira en ti
Tal vez no se trata de vivir más años.
Tal vez se trata de vivir los que te toquen con la conciencia encendida y el alma despierta.
Porque la muerte no llega de golpe.
A veces se disfraza de rutina, de insatisfacción, de miedo.
Y nos va robando la vida poco a poco… hasta que ya no hay regreso.
Pero si estás leyendo esto, aún estás a tiempo.
A tiempo de frenar.
A tiempo de sentir.
A tiempo de vivir distinto.
Porque la vida es un breve instante que nos da la muerte.
Y cuando ella llegue —como llegará—
que te encuentre vivo.
De verdad.
Luis Manuel González
Experto en Deuda, Asesor Empresarial para la Comunidad Hispana
@luistuasesor
https://luismanuelgonzalez.com/

