Hablar de Brasil es hablar de carnaval, alegría, gambetas y del “joga bonito” que deslumbró al mundo durante las décadas de los 90 y los 2000. La Canarinha sigue siendo una de las grandes potencias del fútbol mundial, candidata en cada cita mundialista que disputa. Y es que hablar de Brasil es recordar a la única selección pentacampeona de la historia, un equipo que siempre llega con la etiqueta de favorito.
Sin embargo, a esta selección le faltaba algo que no solo extrañaban los brasileños, sino el fútbol en general. Durante gran parte de las Eliminatorias se percibía un vacío dentro del campo. El mundo esperaba el regreso de un líder, de un jugador capaz de marcar diferencias dentro y fuera de la cancha.
Les hablo de Neymar Jr., quien regresa a la selección verdeamarela para disputar su cuarta y, posiblemente, última participación en un torneo mundialista. Su convocatoria desató la ilusión de millones de aficionados en Brasil y alrededor del planeta.
Este torneo podría marcar el final de una era. Una generación encabezada por Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar, futbolistas que durante más de una década dominaron la escena mundial con su talento y magia.
A pesar de las lesiones que han marcado los últimos años de su carrera, Neymar espera llegar en plenitud física para liderar a Brasil en la búsqueda de su ansiado sexto título. El camino no será sencillo, pero contará con el respaldo de figuras como Vinícius Jr., Raphinha, Matheus Cunha, Lucas Paquetá, Casemiro y Marquinhos, entre otros. Porque Brasil quiere volver a la cima y recuperar esa gloria que el fútbol tanto extraña.
La Copa de la vida
El gran torneo de selecciones es el trofeo más preciado, como decía Ricky Martin en USA 94, es la Copa de la vida, pero uno sólo podrá levantarla.
Muchos señalan a una selección europea como principal candidata al título. Francia aparece nuevamente entre las favoritas gracias al enorme talento de su plantilla. España llega renovada y respaldada por su reciente título en la Eurocopa. Y Portugal, liderada por Cristiano Ronaldo, cuenta con un equipo sólido y competitivo para luchar por la corona mundial.
Pero más allá de la calidad del fútbol europeo, no se puede ignorar el peso de las selecciones americanas. Argentina llega como vigente campeona del mundo y bicampeona de América, mientras que Brasil y Uruguay mantienen su tradición de protagonismo en las instancias decisivas del torneo.
Entre las selecciones que podrían dar la sorpresa aparece Panamá. Los canaleros disputarán apenas su segunda participación en este certamen y cuentan con una generación consolidada que ha demostrado carácter y competitividad en los últimos años. Su crecimiento los convierte en un rival capaz de incomodar a cualquiera.
También merece una mención especial Curazao, que hará su debut en esta justa mundialista. La clasificación representa un hito histórico para una nación que ha trabajado silenciosamente en el desarrollo de su fútbol y que hoy recoge los frutos de ese crecimiento.
Y si de historias inspiradoras se trata, Haití protagoniza una de las más emotivas. La selección caribeña vuelve a esta cita del fútbol global por primera vez desde 1974, poniendo fin a una espera de 52 años. Su clasificación fue celebrada por todo un país que, en medio de las dificultades y la violencia que atraviesa actualmente, encontró en el fútbol una razón para soñar y un motivo de unión nacional.
Haití precisamente jugará en uno de los estadios de Atlanta cuando se mida ante Marruecos.
Atlanta no sólo conquistará a los presentes, sino que el mundo pondrá los ojos durante un mes en la ciudad, lo que marcará un hito histórico que quedará plasmado en la ciudad como lo fueron los Juegos Olímpicos de 1996.

