Dicen que la risa es medicina…
Pero, ¿y si es algo más?
¿Y si la risa fuera un síntoma de vida?
Desde pequeños, nos enseñan cuándo reír y cuándo no.
A veces la contenemos para no incomodar, para no parecer tontos, para no desviarnos de lo “serio”.
Pero la risa está ahí.
Siempre estuvo.
Solo espera su momento para explotar.
La risa no se busca, se permite
No hay que hacer grandes esfuerzos por reír.
La risa no se fabrica, se libera.
Está como una semilla dormida esperando el permiso para brotar.
Y cuando brota, es una explosión.
Una revolución interna.
Una fiesta que el alma organiza sin pedir permiso.
La risa es como el emerger del alma.
Es un proceso tan exuberante que, aunque rías sin ganas, tu cuerpo cambia.
Porque lo que no sabes es que la risa está allí, aunque sea olvidada.
La risa como muestra de inteligencia
Reír implica entender.
Un buen chiste no hace gracia si no se comprende la ironía, el doble sentido, la verdad escondida.
Por eso quien entiende un chiste…
entiende la vida.
Reír es ver más allá de lo obvio.
Es leer entre líneas,
es bailar con lo absurdo,
es aceptar que lo que no controlamos, también puede ser bello.
Dos caras de una misma moneda
Llorar y reír.
Luz y sombra.
Ambos nacen de un lugar hondo, visceral.
Por eso a veces reímos tanto que terminamos llorando.
O lloramos tanto… que terminamos riendo.
La risa y el llanto no son opuestos, son hermanos.
Ambos nos recuerdan que sentir es estar vivos.
La risa es memoria del alma
Cuando un niño ríe, no se pregunta si está bien hacerlo.
No evalúa si el momento es apropiado.
Solo lo siente… y lo deja salir.
Tal vez eso es lo que necesitamos.
Volver a reír como si no nos doliera nada, aunque sepamos que sí.
Porque al hacerlo, no nos traicionamos, nos recordamos.
La risa es el sonido de lo que somos cuando nos quitamos los pesos.
Así que hoy, si puedes, ríe.
No por lo que pasa afuera… sino por lo que aún vive dentro de ti.
Te propongo un ejercicio, haz una pausa… y sonríe
Sí. Ahora. Aquí.
Haz una pausa en tu día.
Relaja la mandíbula.
Suelta el ceño.
Permítete sonreír… aunque no haya un motivo evidente.
Hazlo otra vez.
Pero esta vez, ríete.
No una risita discreta. No.
Una carcajada de esas que hacen vibrar el pecho.
Que dejan caer los hombros.
Que sueltan el cuerpo.
Ahora respóndete con honestidad:
- ¿Hace cuánto no te reías así?
- ¿Recuerdas la última vez que lo hiciste?
- ¿Y si hoy no necesitas un chiste, sino solo una pausa para recordar que estás vivo?
No necesitas una excusa.
Porque el mejor chiste… es la vida misma.
Y a veces… reímos hasta llorar
Porque cuando la risa es verdadera, no solo vibra…
sana, limpia, libera.
Y en ese momento en que se confunden las lágrimas con las carcajadas, el alma se reconcilia con la vida.
“Un día sin reír es un día perdido.”
Charles Chaplin.
Luis Manuel González
Experto en Deuda, Asesor Empresarial para la Comunidad Hispana

